lunes, 12 de noviembre de 2012

"Perdonen las molestias, pero pasaba por aquí": Violencia doméstica. Esa es tu violencia, hombre

"Perdonen las molestias, pero pasaba por aquí": Violencia doméstica. Esa es tu violencia, hombre: Puede parecer curioso, pero es violencia distinta. La Ley ha querido separar la violencia que recibe el hombre, violencia doméstica, de...

Violencia doméstica. Esa es tu violencia, hombre



Puede parecer curioso, pero es violencia distinta. La Ley ha querido separar la violencia que recibe el hombre, violencia doméstica, de aquella que es ejercida sobre la mujer, violencia de género. Decir que la Ley lo ha separado, ¡como si nosotros no lo hiciéramos cada vez que escuchamos un caso!
Cuando la víctima es una mujer, todos tenemos las mismas sensaciones: indignación, repulsa y deseo de castigo hacia aquel que lo provocó. Sin embargo, si esa violencia es ejercida sobre un hombre la sensación es cambiante. En unos casos es la misma que en la situación contraria, pero en otros es incredulidad, cachondeo y escepticismo. Pensamos que hay algo detrás que no nos han contado.
Cada día son más las denuncias de hombres que reciben violencia. Esto no se produce porque la mujer hoy la ejerza en más ocasiones, sino porque cada vez hay más hombres que se atreven a denunciar. Hombres que salen de ese escondite donde se han refugiado mientras han sido víctimas, sin temor a enfrentarse a la opinión de sus conocidos o familiares, sin temor a sentarse frente a un policía, que él piensa que le juzgará y tachará de poco hombre. Mientras, el probable pensamiento del agente será distinto: "otro pobre que se ha atrevido a dar el paso".
La violencia es única, pero las maneras de ejercerla son variadas. Siempre que pensamos en violencia, lo vinculamos inmediatamente a la que se produce físicamente, pero es igual de dañina esa que deja las marcas en el interior de la persona, esa que no se ve externamente, pero acaba con uno por dentro. En la mayoría de los casos, la violencia que la  mujer ejerce sobre el hombre es psicológica, en unos casos como consecuencia de unos celos enfermizos, que imposibilitan que el hombre pueda dar dos pasos sin tener que dar explicaciones. En otras ocasiones, es provocando que cualquier problema diario se convierte en una discusión, llena de gritos y golpes contra uno o contra aquello que les rodea.
Tras la Ley de 2005, que permite las bodas de persona del mismo sexo, tan polémica hoy que el Tribunal Constitucional ha dejado claro que son matrimonios pese a que haya a quien le pese, en el 2009 se produce la primera muerte en un matrimonio compuesto por dos hombres en Adra (Almería). Tras este hecho, el presidente de la Audiencia Provincial de Almería, Benito Gálvez, declaró: "si la pareja hubiera estado compuesta por dos mujeres, estaríamos ante un caso de violencia de genero".
Cuando un hombre es denunciado por maltratar a una mujer, es detenido y expuesto al escarnio público de todo aquel que se cruce con él, eso en los mejores casos y casi como excepción. Como norma general, también pasará al menos una noche en el calabozo (lugar nada apetecible en boca de todos aquellos que lo sufrieron), para tener que luchar nada más ponerse ante el juez para demostrar su inocencia. Una presunción, por cierto, establecida en el 24.2 de la Constitución, y que se puede salvar gracias al gran trabajo de muchos jueces y la ayuda de cada vez más abogados especializados que, gracias a su pericia, puedan demostrar si se trata de un caso de denuncia falsa, si se está ante una discusión acalorada entre dos adultos, o verdaderamente nos encontramos ante un caso de violencia, tipificado en el Código Penal.
Según el Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género, dependiente del CGPJ, en el año 2011 hubo un total de 134000 denuncias. Del mismo estudio se desprende que 6 de cada 10 de las personas juzgadas por violencia de género fueron absueltas. Por tanto, 4 de cada 10 fueron condenados por un delito.
El caso de la mujer es distinto. Se enfrenta en la mayoría de los casos a un delito que está penado como falta, por lo que no se le detendrá y no tendrá que pasar la noche en el calabozo ya que la Ley es mucho más permisiva con ella y la sociedad también. 
Esta entrada solo quiere poner de relieve que existe la violencia ejercida sobre los hombres, y la necesidad que hay de un cambio en la Ley que considere igual de importantes a unos y a otras. Por otra parte, que la sociedad se conciencie de su existencia y que desde los despachos cada vez haya más profesionales que nos ocupemos de ofrecer una defensa igual de implicada y preparada para la defensa del hombre.
Mi intención no pasa, en absoluto,  por quitar importancia a los casos de violencia de género que saltan a la primera plana de los noticiarios de vez en cuando, y por los  que tenemos que lamentar la muerte de alguna mujer. La sensación que nos produce a todos esas noticias es la misma, deseo de que se haga justicia por esa víctima. Lo que sí queremos manifestar es que nos produce la misma repulsa la violencia, venga de donde venga, y que tenemos que hacer leyes que no discriminen por razón de sexo, tomando en consideración igual a los hombres que a las mujeres ante el mismo hecho, sin necesidad de que lo tengamos que llamar de manera distinta.
Otro fenómeno que la Ley no ha resuelto es la violencia de los matrimonios entre personas del mismo sexo, pero de eso hablaremos en otro momento.




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