jueves, 30 de enero de 2014

INDULTO, ¡QUÉ “GRACIA”!

En época de crisis, más que nunca, nos volvemos tiquismiquis con según qué cosas. A la gente de a pie nos cuesta entender, por ejemplo, que los poderosos se suban los sueldos sobremanera mientras los trabajadores sufren las consecuencias de la misma en forma de desahucios, despidos y cortes de luz y agua. También es complicado asumir la nada desdeñable cuantía de personajes, ataviados en ocasiones con corona y bastón de mando, que circulan por nuestros juzgados. Se llenaron los bolsillos en épocas de vacas gordas y ahora les han pillado. Y no sólo la cantidad. Cualitativamente, llama la atención el género de estas perlas, que las hay de todos los colores y tamaños. (Ante todo, creamos en la presunción de inocencia). Tal vez si  las cosas nos siguieran yendo igual de bien a todos, no nos ocuparíamos de los asuntos ajenos.
Son los cuentos de princesas actuales, que para vivir felices y comer perdices, fijan su residencia en Suiza. Todo mucho más fácil allí. (Entiéndase la ironía). Los besos de ensueño que despiertan hasta a un muerto, envenenado o embrujado, se transforman en tarjetas de crédito y un “cómprate lo que quieras, pagan todos ellos”. Es también la historia de un país, tal vez un poco emborronada con historietas, que no historias, que sólo salen en los periódicos de la mano de algunos indeseables que lo único que quieren es perjudicar electoralmente a su adversario. Pero que no tienen nada de realidad. O eso dicen los que desfilan ante la justicia.
Pero basta de cuentos. Existe una figura en nuestro país que se conoce como indulto. Gracia, me gusta más. Tiro de Wikipedia. “El indulto es una causa de extinción de la responsabilidad penal, que supone el perdón de la pena. Es una situación diferente a la amnistía, que supone el perdón del delito, ya que por el indulto la persona sigue siendo culpable, pero se le ha perdonado el cumplimiento de la pena”.
Con los datos ofrecidos en un programa de televisión hace unos días, haciendo un análisis comparativo entre diversos países, pude observar que, en 2013, Reino Unido indultó a una sola persona a título póstumo. Francia no otorgó ningún indulto, mientras España lo hizo en 179 casos, EEUU en 17 y Marruecos en 2.300 ocasiones. Llama la atención la diferencia existente entre España y los países del entorno europeo cuyas cifras retuve. Y nos hace cuestionarnos, no ya la eficacia de dicho instrumento, sino la de las leyes en sí mismas. Tengamos en cuenta, en primer lugar, que en los países citados siempre es el Gobierno o Jefe del Estado el que toma la decisión de indultar a según qué condenados firmemente. Y uno se pregunta: si no nos gustan nuestras leyes, ¿no sería más fácil cambiarlas que perdonar al condenado en virtud de tales leyes? No sé si más fácil pero, ¿acaso no tendría más sentido? El Parlamento elabora las leyes, los jueces las hacen cumplir y el Gobierno indulta. Esto por lo menos en nuestro país, donde el Gobierno saca adelante las leyes gracias a su mayoría absoluta. El mismo Gobierno que luego indulta. Claro, el parlamento es el parlamento. Y el gobierno, el gobierno. Ya. Pero son los mismos. ¿Separación de poderes? Vaya un lío. Pero se entiende el argumento, que es a lo que voy.
De un tiempo a esta parte he escuchado la siguiente afirmación en diversos foros: “En este país se legisla a golpe de titular”. A lo que se refieren, según yo he podido entender, es que se endurecen las penas cada vez en mayor grado para calmar los ánimos de una sociedad cada vez más indignada ante sucesos mediáticos. Que un Kamikaze resulta condenado, pues elevamos las penas en ese sentido. Pero luego, una vez esas leyes se han aplicado, se perdona al condenado. Un extraño círculo. Es cierto que se han dado en los últimos años casos de crímenes que han crispado a la opinión pública. Casos que no quiero ni recordar por su crueldad. Pero, ¿es efectivo que las penas se endurezcan? ¿No sería mejor que se cumplieran las penas en su totalidad? A mi juicio sería suficiente. Pero bueno, este es otro tema. No nos desviemos.
El Gobierno, en Consejo de Ministros, puede decidir indultar a alguien sin dar explicaciones. ¿Hablamos de arbitrariedad? Bueno, hablamos de no dar explicaciones. Lo firma el Rey. ¿Es una medida excepcional? En fin, se han concedido más de uno por día en lo que llevamos de democracia. Excepcional, excepcional… Hay quien cree que el indulto es algo positivo. Yo también lo creo. Pero también pienso que tenemos herramientas en nuestro Código Penal que permiten aminorar o eximir la responsabilidad criminal en determinados casos, cuando se puede justificar. Pero en fin, una vez juzgado, atenuante incluido, existen casos en los que no es de justicia que el condenado cumpla su pena y hay que perdonarle. ¿Puede ser Jaume Matas, condenado por corrupción? ¿Tal vez esta persona pueda ser el ex alcalde de Torrevieja, condenado por prevaricación y falsedad documental? ¿Ortega Cano, quizás, que conducía borracho, causando un accidente mortal? ¿El ex presidente del Sevilla FC, José María del Nido, condenado a siete años de prisión por delitos de prevaricación y malversación de caudales públicos? Me refiero a ellos por ser los últimos casos de petición de indultos llamativos, de cara a la opinión pública. Pues no, no, no y no.  Y lo han solicitado. ¿Por qué habría el Gobierno de concederles dicha gracia? ¿Por qué a ellos? ¿Porque son importantes? ¿Porque tienen mucho dinero? ¡Pues entonces deberían dar ejemplo! Y a Urdangarín, ¿habría que indultarle si se le terminara condenando? Hombre, con lo rubio, lo alto, lo guapo, lo deportista y lo importante que es… encima con la cantidad de hijos que tiene. Pues tampoco. ¡Faltaría más!
Sin embargo, todos conocemos el caso de Emilia Soria, que robó 450 euros de una tarjeta de crédito que se encontró en la calle. Ese dinero lo utilizó para comprar pañales y comida para sus tres hijas. Parece que se trata de un tema bien distinto, que todos somos capaces de asumir. Y cuidado, no nos confundamos. Esta mujer robó dinero a otra persona, y eso es algo que no puede pasarse por alto. Siendo consciente de que la tarjeta no era suya, la utilizó en su beneficio. Una vez analizadas las circunstancias, ¿alguien piensa que debería habérsele negado el indulto que le fue concedido? Yo creo que no.
Por otro lado, es precisamente el caso del kamikaze que mató a un conductor, al que he aludido con anterioridad, el único en la historia de España que ha anulado el Tribunal Supremo. Bueno, a excepción de un único antecedente de menor gravedad: la revocación parcial del polémico perdón otorgado por el Gobierno socialista al consejero delegado del Banco Santander, Alfredo Sáenz, que cancelaba sus antecedentes penales. El conductor kamikaze había sido condenado a 13 años de prisión por matar a un joven de 25 años tras conducir durante cinco kilómetros en dirección contraria por la AP-7, en diciembre de 2003. El Alto Tribunal razona que "la arbitrariedad es la ausencia de racionalidad" y que, en consecuencia, "todos los actos del poder ejecutivo y de la Administración han de ser racionales". "El Real Decreto no señala las razones de justicia, equidad o utilidad pública, exigidas por el legislador, y que han de ser determinantes del indulto", añade.
Desde hace tiempo, desde diversas plataformas se exige al gobierno que no se concedan indultos a políticos corruptos y que, en caso de que sean solicitados, no suspendan el ingreso en prisión. ¿Es que acaso existen razones de justicia, equidad o utilidad pública en los casos que conocemos? Más bien no. Creo firmemente que la Ley del Indulto, que data del siglo XIX, debería modificarse de inmediato. No puede ser una medida arbitraria, sino motivada y racional.
Entre el 17 de febrero y el 29 de junio de 2012, el Ejecutivo indultó a once condenados de cuello blanco, todos ellos sujetos a penas de prisión. Es la última de una larga lista de políticos, empresarios y “mandamases” indultados. También no hace mucho el Ejecutivo indultó a cuatro mossos acusados de torturas. Sin embargo, España se hizo eco de la historia de David Reboredo. La suya es la historia de cientos de jóvenes que, en los años 80, se vieron atrapados por la droga. Le cayeron siete años de cárcel por recaer, tras diez años de rehabilitación. Siete. El pueblo solicitó su perdón, que le fue denegado dos veces. Al final obtuvo un indulto parcial.


¿Gracia?...

LUISA MARCO GARCÍA
ABOGADA EN MATEOS Y MARCO ABOGADOS





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