En
época de crisis, más que nunca, nos volvemos tiquismiquis con según qué cosas.
A la gente de a pie nos cuesta entender, por ejemplo, que los poderosos se
suban los sueldos sobremanera mientras los trabajadores sufren las
consecuencias de la misma en forma de desahucios, despidos y cortes de luz y
agua. También es complicado asumir la nada desdeñable cuantía de personajes,
ataviados en ocasiones con corona y bastón de mando, que circulan por nuestros
juzgados. Se llenaron los bolsillos en épocas de vacas gordas y ahora les han
pillado. Y no sólo la cantidad. Cualitativamente, llama la atención el género
de estas perlas, que las hay de todos los colores y tamaños. (Ante todo,
creamos en la presunción de inocencia). Tal vez si las cosas nos siguieran yendo igual de bien a
todos, no nos ocuparíamos de los asuntos ajenos.
Son
los cuentos de princesas actuales, que para vivir felices y comer perdices,
fijan su residencia en Suiza. Todo mucho más fácil allí. (Entiéndase la
ironía). Los besos de ensueño que despiertan hasta a un muerto, envenenado o
embrujado, se transforman en tarjetas de crédito y un “cómprate lo que quieras,
pagan todos ellos”. Es también la historia de un país, tal vez un poco
emborronada con historietas, que no historias, que sólo salen en los periódicos
de la mano de algunos indeseables que lo único que quieren es perjudicar
electoralmente a su adversario. Pero que no tienen nada de realidad. O eso
dicen los que desfilan ante la justicia.
Pero
basta de cuentos. Existe una figura en nuestro país que se conoce como indulto.
Gracia, me gusta más. Tiro de Wikipedia. “El indulto es una causa de extinción de la responsabilidad penal,
que supone el perdón de la pena.
Es una situación diferente a la amnistía,
que supone el perdón del delito,
ya que por el indulto la persona sigue siendo culpable, pero se le ha perdonado
el cumplimiento de la pena”.
Con
los datos ofrecidos en un programa de televisión hace unos días, haciendo un
análisis comparativo entre diversos países, pude observar que, en 2013, Reino
Unido indultó a una sola persona a título póstumo. Francia no otorgó ningún
indulto, mientras España lo hizo en 179 casos, EEUU en 17 y Marruecos en 2.300
ocasiones. Llama la atención la diferencia existente entre España y los países
del entorno europeo cuyas cifras retuve. Y nos hace cuestionarnos, no ya la
eficacia de dicho instrumento, sino la de las leyes en sí mismas. Tengamos en
cuenta, en primer lugar, que en los países citados siempre es el Gobierno o
Jefe del Estado el que toma la decisión de indultar a según qué condenados
firmemente. Y uno se pregunta: si no nos gustan nuestras leyes, ¿no sería más
fácil cambiarlas que perdonar al condenado en virtud de tales leyes? No sé si
más fácil pero, ¿acaso no tendría más sentido? El Parlamento elabora las leyes,
los jueces las hacen cumplir y el Gobierno indulta. Esto por lo menos en nuestro
país, donde el Gobierno saca adelante las leyes gracias a su mayoría absoluta.
El mismo Gobierno que luego indulta. Claro, el parlamento es el parlamento. Y
el gobierno, el gobierno. Ya. Pero son los mismos. ¿Separación de poderes? Vaya
un lío. Pero se entiende el argumento, que es a lo que voy.
De
un tiempo a esta parte he escuchado la siguiente afirmación en diversos foros:
“En este país se legisla a golpe de titular”. A lo que se refieren, según yo he
podido entender, es que se endurecen las penas cada vez en mayor grado para
calmar los ánimos de una sociedad cada vez más indignada ante sucesos
mediáticos. Que un Kamikaze resulta condenado, pues elevamos las penas en ese
sentido. Pero luego, una vez esas leyes se han aplicado, se perdona al
condenado. Un extraño círculo. Es cierto que se han dado en los últimos años
casos de crímenes que han crispado a la opinión pública. Casos que no quiero ni
recordar por su crueldad. Pero, ¿es efectivo que las penas se endurezcan? ¿No
sería mejor que se cumplieran las penas en su totalidad? A mi juicio sería suficiente.
Pero bueno, este es otro tema. No nos desviemos.
El
Gobierno, en Consejo de Ministros, puede decidir indultar a alguien sin dar
explicaciones. ¿Hablamos de arbitrariedad? Bueno, hablamos de no dar
explicaciones. Lo firma el Rey. ¿Es una medida excepcional? En fin, se han
concedido más de uno por día en lo que llevamos de democracia. Excepcional,
excepcional… Hay quien cree que el indulto es algo positivo. Yo también lo
creo. Pero también pienso que tenemos herramientas en nuestro Código Penal que
permiten aminorar o eximir la responsabilidad criminal en determinados casos,
cuando se puede justificar. Pero en fin, una vez juzgado, atenuante incluido,
existen casos en los que no es de justicia que el condenado cumpla su pena y
hay que perdonarle. ¿Puede ser Jaume Matas, condenado por corrupción? ¿Tal vez
esta persona pueda ser el ex alcalde de Torrevieja, condenado por prevaricación
y falsedad documental? ¿Ortega Cano, quizás, que conducía borracho, causando un
accidente mortal? ¿El ex presidente del Sevilla FC, José María del Nido,
condenado a siete años de prisión por delitos de prevaricación y malversación
de caudales públicos? Me refiero a ellos por ser los últimos casos de petición
de indultos llamativos, de cara a la opinión pública. Pues no, no, no y no. Y lo han solicitado. ¿Por qué habría el
Gobierno de concederles dicha gracia? ¿Por qué a ellos? ¿Porque son
importantes? ¿Porque tienen mucho dinero? ¡Pues entonces deberían dar ejemplo!
Y a Urdangarín, ¿habría que indultarle si se le terminara condenando? Hombre,
con lo rubio, lo alto, lo guapo, lo deportista y lo importante que es… encima
con la cantidad de hijos que tiene. Pues tampoco. ¡Faltaría más!
Sin
embargo, todos conocemos el caso de Emilia Soria, que robó 450 euros de una tarjeta de crédito que se
encontró en la calle. Ese dinero lo utilizó para comprar pañales y
comida para sus tres hijas. Parece que se trata de un
tema bien distinto, que todos somos capaces de asumir. Y cuidado, no nos
confundamos. Esta mujer robó dinero a otra persona, y eso es algo que no puede
pasarse por alto. Siendo consciente de que la tarjeta no era suya, la utilizó
en su beneficio. Una vez analizadas las circunstancias, ¿alguien piensa que
debería habérsele negado el indulto que le fue concedido? Yo creo que no.
Por
otro lado, es precisamente el caso del kamikaze que mató a un conductor, al que
he aludido con anterioridad, el único en la historia de España que ha anulado
el Tribunal Supremo. Bueno, a excepción de un único antecedente de menor
gravedad: la revocación parcial del polémico perdón otorgado por el Gobierno
socialista al consejero
delegado del Banco Santander, Alfredo Sáenz, que cancelaba sus
antecedentes penales. El conductor kamikaze había sido condenado
a 13 años de prisión por matar a un joven de 25
años tras conducir durante cinco kilómetros en dirección contraria por la AP-7,
en diciembre de 2003. El Alto Tribunal razona que "la arbitrariedad es la
ausencia de racionalidad" y que, en consecuencia, "todos los actos
del poder ejecutivo y de la Administración han de ser racionales". "El
Real Decreto no señala las razones
de justicia, equidad o utilidad pública, exigidas por el legislador, y
que han de ser determinantes del indulto", añade.
Desde
hace tiempo, desde diversas plataformas se exige al gobierno que no se concedan
indultos a políticos corruptos y que, en caso de que sean solicitados, no
suspendan el ingreso en prisión. ¿Es que acaso existen razones de justicia, equidad o utilidad pública en
los casos que conocemos? Más bien no. Creo firmemente que la Ley del Indulto,
que data del siglo XIX, debería modificarse de inmediato. No puede ser una
medida arbitraria, sino motivada y racional.
Entre
el 17 de febrero y el 29 de junio de 2012, el Ejecutivo indultó a once
condenados de cuello blanco, todos ellos sujetos a penas de prisión. Es la
última de una larga lista de políticos, empresarios y “mandamases” indultados.
También no hace mucho el Ejecutivo indultó a cuatro mossos acusados de torturas.
Sin embargo, España se hizo eco de la historia de David Reboredo. La suya es la
historia de cientos de jóvenes que, en los años 80, se vieron atrapados por la
droga. Le cayeron siete años de cárcel por recaer, tras diez años de
rehabilitación. Siete. El pueblo solicitó su perdón, que le fue denegado dos
veces. Al final obtuvo un indulto parcial.
¿Gracia?...
LUISA MARCO GARCÍA
ABOGADA EN MATEOS Y MARCO ABOGADOS

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